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Vendido en julio. Vacío en febrero.
Nada en los informes del club lo señala: el asiento se pagó, así que sobre el papel todo está bien. En el estadio es un hueco. Sin gasto, sin ambiente, sin imagen en televisión.
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Dos toques, y el asiento queda liberado.
Un aficionado que no puede asistir libera el asiento en la app del club, a precio nominal. La credencial original se extingue en el momento de liberarla.
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Lo ocupa un aficionado de verdad.
Vendido a través de un canal autorizado por el club, a un precio que fija el club, con la comisión de servicio volviendo al club en vez de salir del fútbol.
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El torno escribe el registro.
La persona que realmente entró queda escrita en un único registro del aficionado, junto a su historial de asistencia. Sobre ese registro se construye todo lo demás.










